Carlos Isasi. Enero 2026

 

Soy reumatólogo. Me dedico a la fibromialgia, la fatiga crónica, y las enfermedades autoinmunes desde hace muchos años. Comparto en estas líneas una reflexión crítica sobre el daño que podemos hacer. Con los años, el estudio, la experiencia como médico y como paciente, y sobre todo con lo que me enseñan las personas a las que intento ayudar, lo tengo cada vez más claro. La capacidad que todos tenemos de hacer daño cuando lo entendemos mal. Esta crítica también se aplica a mí. Ojalá hubiera aprendido esto mucho antes.

Pongamos el caso frecuente de la persona que tiene fibromialgia, fatiga crónica y una enfermedad autoinmune. Por ejemplo, artritis psoriásica, enfermedad de Crohn, psoriasis.

Lo primero es intentar entender el conjunto, a la persona, lo que pasa y el porqué. He ido aprendiendo con los años que debajo de la enfermedad autoinmune puede haber intestino permeable, y que debajo del intestino permeable y/o de la enfermedad autoinmune suele haber experiencias emocionales traumáticas (experiencia infantil adversa en las publicaciones científicas). La fibromialgia es un ejemplo paradigmático: se ha encontrado trauma infantil y retraumatización en un 80% de los casos. La fibromialgia a menudo se solapa con enfermedades autoinmunes. Es ya bien conocido que el estado de alerta crónico consecuencia del trauma emocional produce cambios neurológicos e inmunológicos que luego se manifiestan en dolor y en lo que llamamos enfermedades orgánicas. La importancia de la nutrición, la calma emocional, y el ejercicio físico nadie lo niega. También he aprendido la importancia de lo que desconozco y no sé reconocer.

Sin embargo, la atención a estas personas está muy fragmentada. Cada cual atiende al paciente desde la perspectiva de lo que cree que sabe y de la que vive. Lo habitual es que el reumatólogo, el digestivo o el dermatólogo mire al paciente desde las pruebas que le puede hacer y desde los fármacos que le puede prescribir, limitándose a “lo orgánico”. La estrategia terapéutica habitual es la inmunosupresión. Ponerle una bota encima al sistema inmune para que no exprese síntomas. Lo que no es de su incumbencia lo etiqueta como fibromialgia o depresión y se lo manda a otro. Demasiadas veces he visto que ni siquiera indaga si en la historia hay depresión, ataques de pánico, o trastorno de conducta alimentaria, por poner algunos ejemplos. Ni mucho menos pregunta por experiencias traumáticas emocionales. La práctica del especialista ortodoxo suele estar impregnada de cierta soberbia. Se cree en poder del auténtico conocimiento científico, y lo que no viene en sus libros lo ignora o lo desprecia.

El psiquiatra probablemente diagnostique clasificando los síntomas en alguno de sus términos como distimia, trastorno ansioso depresivo o trastorno límite de la personalidad, que son términos descriptivos. Tratará el diagnóstico con tratamiento farmacológico de los síntomas. Hubiera sido esperable que el psiquiatra indagara el origen, preguntara por experiencias traumáticas y por la historia de apego infantil, pero con frecuencia tampoco lo hace. El psiquiatra puede ayudar. También puede ser retraumatizador (1).

Con algunos psicólogos tengo un problema. Por lo que voy viendo hay diferentes escuelas de pensamiento. Llevo particularmente mal lo que llamo la consejo terapia fácil. No me gustan la terapia basada en la conversación, ni la terapia de aceptación y compromiso, ni la terapia cognitivo conductual. Me parecen demasiado cerca del “tienes que”, de la resignación, de enfrentar al paciente con su impotencia, de la reprogramación a calzador. Por supuesto que darse cuenta es importante. Pero se sabe que es difícil que la terapia cognitiva llegue a cambiar de forma real y duradera las consecuencias del trauma en el cuerpo y en la parte emocional del cerebro.  Creo más en formas de terapia basadas en el cuerpo y en las que acceden a los recuerdos traumáticos y cambian la forma en que condicionan cómo vivimos el presente. Es una concepción neurobiológica, más que psicológica o psicosomática. Van Der Kolk explica porqué la terapia conversacional cognitiva es insuficiente y son útiles otras formas de terapia (2).

Por eso me formo en entender y tratar el trauma emocional y en EMDR. No se trata solo de tratar la artritis, el Crohn o la psoriasis. Tampoco se trata solo de tratar la depresión o el trastorno de conducta alimentaria. Lo más importante es entender y tratar el porqué. Dar espacio al trauma es el primer paso para tratarlo.

El médico integrativo o el nutricionista probablemente dedicará su esfuerzo a cambiar la dieta y dar una larga lista de suplementos. Hay también muchas palabras como sensibilidad al gluten, intestino permeable, sobrecrecimiento bacteriano, parásitos intestinales, candidiasis, metales pesados, enfermedad de Lyme, disruptores endocrinos.

Aceptamos de entrada que la medicina ortodoxa además de ayudar mucho puede ser dañina. Los efectos secundarios de los fármacos vienen en el prospecto. Tienes que firmar un consentimiento informado antes de cualquier intervención. Pero la medicina ortodoxa puede ser peligrosa no solo por lo que hace. Puede serlo por hacer sentir culpable al paciente de lo que ni entiende ni quiere ver. Para mí, ejemplos típicos de lo que no ve porque no sale en sus pruebas son la fibromialgia, la fatiga crónica, la sensibilidad al gluten y el post Covid / post vacuna Covid.

El psiquiatra puede ayudar y puede hacer daño. Una vez una paciente me contó un episodio ilustrativo. “El psiquiatra me ha dicho que tengo que ser feliz y tengo que comer”. Otra paciente me contó cómo la machacaron durante años con tratamiento cognitivo, y que si no mejoraba era porque no ponía de su parte, no colaboraba. Otra retraumatización haciéndola sentir culpable por sus síntomas y por su impotencia.

Hay vertientes de la terapia psicológica que me irritan particularmente y que considero retraumatizadoras. En la terapia psicoanalítica de diván, que sufrí y espero que esté extinguida, el psicoanalista niega al paciente la mirada y el vínculo que necesita. En cada sesión le castiga mirando al techo y le enfrenta con su imposible. Y puede estar así años con avances escasos y lentos. He visto pacientes tratados por terapeutas psicosomáticos que tienen la creencia de “me lo hago yo de forma inconsciente”. Esto es una retraumatización en toda regla sobre las creencias emocionales adquiridas en la infancia, a menudo no explícitamente conscientes, como  “no valgo”, “no soy suficiente”, “no lo hago bien”, “soy culpable”. Ojo, la terapia EMDR también puede ser peligrosa y retraumatizadora, sobre todo cuando se hace mal.

El médico integrativo o el nutricionista también puede hacer daño, no solo porque puede estar regando fuera de la maceta empeñándose en tratar con dieta y suplementos el trauma emocional. También porque puede tratar el miedo con miedo. Un ejemplo típico es la persona con miedo y estado de alerta crónico como consecuencia de su infancia, con intestino permeable, al que se le pone una dieta cada vez más restrictiva porque hay alimentos “que te hacen daño”. Tratar el miedo con miedo a comer es mala idea. Yo he cometido estos errores. Otro ejemplo es la sensibilidad química múltiple. Para mí la sensibilidad química múltiple es el cerebro y el cuerpo en estado de alerta crónica reaccionando a todo. ¿Y cómo es tratado?, fomentando el miedo a todo. Es como tratar a un paciente con fobia dándole la razón a la fobia, que es muy distinto de comprenderla, y amplificándola.

Todos podemos hacer daño, particularmente cuando no entendemos ni vemos bien a la persona. En el trauma infantil es habitual que quien te tenía que ver y cuidar no lo hizo o fue quien te hizo daño, y además te hizo sentir culpable. Creo que es tristemente frecuente que sucede lo mismo con los que esperas que te vean, te entiendan, y te cuiden. Esto puede pasar con los médicos, los psiquiatras, los psicólogos, los naturópatas y los médicos integrativos.

No hay un aparato que nos permita ver en cada paciente cuánto hay de trauma emocional, de intestino permeable, de enfermedad orgánica, o de otras posibilidades. En cada persona toca mirar, preguntarse, intentar entender de forma integral. Preguntarse qué le pasa, cómo y porqué. Tendremos más posibilidad de ayudar y de no hacer daño.

Retraumatización en los servicios de salud mental: una revisión y propuesta de actuación alternativa. Ana Moreno Pérez. Alberto Fernández Líria.  Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq. 2023; 43(144): 17-45

2  El cuerpo lleva la cuenta. Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma.  Bessel Van Der Kolk . Editorial Eleftheria

 

 

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